Crisi de los refugiadosDe unos meses para acá, las imágenes en los medios de comunicación nos han puesto sobre la mesa una realidad que hasta el momento ignorábamos, no queríamos conocer o habíamos olvidado.

La guerra en Siria, que ha provocado el desplazamiento de millones de personas, ha puesto la situación de los refugiados en primer plano y nos ha hecho recuperar la conciencia. Sólo en Turquía más de dos millones de personas han buscado refugio. En el Líbano, un país de un tamaño como Cataluña y de cinco millones de habitantes, ha recibido más de un millón de refugiados. En cambio, en Europa, les ponemos vallas.


Ahora Europa habla de reubicar 160.000 personas y parece que llegarán al Estado español cerca de 15.000. Una realidad muy pequeña por la magnitud de la tragedia. Una pobre acogida y en medio de fuertes discusiones entre los Estados europeos.
Del 2011 al 2014, en el mundo se ha pasado de 42 millones de personas a 60 millones en situación de refugio y, sólo el último año, del 2013 al 2014 la población desplazada y asilada ha crecido de 51 millones a 60.

La mayoría de personas que huyen de graves conflictos y que vemos lejanos, acaban acogiéndose en países cercanos a la misma zona del sur y económicamente más pobres; en los países del Norte la acogida es escasa. En el Estado español, durante el 2014 y por la vía regular de petición de asilo, se recibieron 5.952 solicitudes de protección internacional, y sólo fueron aceptadas un 26,6%. De estas solicitudes, en Cataluña se presentaron 768.

En Europa nos regimos con líneas férreas contra la inmigración de residencia administrativa irregular. Esto ha conducido al cierre sistemático de fronteras, los controles y el bloqueo a las personas que huyen para solicitar asilo, lo cual comporta una grave vulneración de las leyes de asilo y de los tratados internacionales. Ya no sólo se vulnera una norma de solidaridad y de ética de ayuda, sino que se están incumpliendo las leyes por los mismos Estados que siempre defienden el cumplimiento de las leyes y de la legalidad vigente.
Hay que cumplir con la Convención de Ginebra sobre Refugiados y abrir y habilitar vías para que quien huye de la muerte tenga un lugar a donde ir. Reconocer la situación de refugiado significa que se presente una solicitud, que se tramita, que se dé apoyo legal, asesoramiento, asistencia psicológica, alojamiento y comida.

Dicen que siempre que hay una crisis tenemos una oportunidad. El momento actual nos tiene que traer varias reflexiones y actuaciones:

  1. Nos tiene que servir para reforzar desde la sociedad civil la capacidad de movilización y de presión a quienes tienen las responsabilidades de Gobierno para realizar las actuaciones necesarias para acoger a las personas que están huyendo de una situación extrema.

  2. Nos tiene que servir también para que los países del Norte cumplamos con la Convención de Ginebra dando apoyo a los demandantes de asilo. Y que en Europa se haga una nueva política de asilo o, como mínimo, que cumpla las obligaciones que ya tiene contraídas, frente al al fracaso actual. Que haya una política común de asilo y que traspase la férrea decisión soberana de los Estados miembros.

  3. Los Estados miembros son los únicos competentes en materia de asilo. En el Estado español tiene que cambiar la filosofía establecida, desde los diferentes gobiernos que ha habido, de denegación sistemática de las peticiones. Tiene que haber una gestión más descentralizada y es necesario que se dé apoyo e impulso a actuaciones no obligatorias, como el Plan de Protección Internacional que se ha elaborado desde el Gobierno de Cataluña.

  4. Pero desde la sociedad en general, tenemos que trabajar desde la solidaridad para la acogida a todas las personas. Que alguien huya de un conflicto violento o del hambre, pueden ser situaciones distintas, y seguro que necesita apoyo psicológico quien ha vivido los horrores de la guerra. Pero tenemos que vigilar que en una sociedad como la nuestra en que vamos categorizando, no vayamos a crear ciudadanos de primera, de segunda y de muchas más clases. Un tiempo atrás parecía que diferenciábamos entre inmigrantes regulares y inmigrantes irregulares, como si más allá de la situación jurídica regular, unas personas fuesen mejores que las otras. Hay que vigilar que no nos hagan caer en la trampa de diferenciar entre refugiados e inmigrantes. Tenemos que acoger a las personas y construir entre todos el país. El 2014 vinieron a Cataluña cerca de 118.000 personas. Y lo hemos hecho en una situación precaria pero hemos sabido hacerlo.

  5. No perder nunca la memoria histórica. Hace 25 años Serbia y Croacia estaban en guerra y muchas personas huyeron del conflicto. Ahora ponemos vallas en toda la línea fronteriza de sus países. No podemos decir que nunca seremos ajenos a realidades como ésta. Cuando acabó la guerra civil española, muchas personas se vieron empujadas al exilio.

  6. Tenemos que preguntarnos sobre las responsabilidades compartidas de los conflictos. Nuestros países también tienen una especial implicación con la guerra que azota Siria e Iraq o los países del Centro de África.

  7. Y entre muchas otras oportunidades, hay que tomar en consideración el reto del diálogo interreligioso. En Cataluña vivimos unos 7 millones de personas, más de un millón de nacionalidad extranjera, y convivimos con personas de muchas confesiones religiosas diferentes. Es un buen momento para reforzar el conocimiento y el diálogo por la paz.

Al terminar el artículo se han producido los atentados de París. Ha salido la información de que algunos de los asesinos habían entrado utilizando la figura del refugiado. En un contexto como el actual, hay que reforzar la seguridad, respetando el equilibrio con los derechos individuales. Pero nunca tendremos que permitir que se puedan utilizar estos hechos execrables para empequeñecer aún más el derecho de asilo, que además hemos reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Si lo permitiéramos nos habrían ganado ellos. Nos habría ganado el miedo y la miseria.

Escrito por: Llorenç Olivé 

Artículo de Llorenç Olivé, miembro de Justícia i Pau Barcelona, para la Revista L'Agulla​.

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