Artículo de opinión de Marc Grau, presidente de Justícia i Pau de Terrassa.

Este mes de mayo ha empezado con muy buen tiempo. Hay gente que lo ha aprovechado para hacer cambio de armario, colgar definitivamente el abrigo hasta el próximo otoño. Vemos también como algunos pequeños corren con pantalón corto, las golondrinas revolotean hasta el atardecer, el sol empieza a picar, los árboles han brotado y el día se alarga. Todo indica que la primavera está radiante y abre camino al verano. ¡Ay el verano! Aquella época del año en que aprovechamos para descansar, estar con quienes más queremos, descubrir nuevos paraderos, bajar el ritmo y, como muchos dicen, para “desconectar”, a pesar de que probablemente lo que hacemos es “conectar”. En fin, que se acerca una época del año agradable para muchos.

No obstante, tan solo será agradable para muchos pero no para todos. Habrá, por un lado, muchos niños y niñas que actualmente reciben una beca comedor, que dejarán de recibirla durante casi tres meses. La beca comedor, aparte de financiar parcial o totalmente el coste de las comidas, tiene otra función: la de asegurar una correcta nutrición del niño y la niña. Hoy en día, lamentablemente, hay muchas familias que no pueden ofrecer carne y pescado para comer con la frecuencia que es deseable. Y esto pasa aquí, en este país que amamos, y queremos mejorar. Y no se trata únicamente de casos aislados, es una nueva realidad que no nos podemos permitir bajo ningún concepto.

Es por este motivo que el Banco de Alimentos lleva a término también una campaña en verano, bajo el nombre La fam no fa vacances. Es realmente un tema urgente, con el que hay que ponerse en marcha. Conocidos informes anuncian que la pobreza infantil se acerca al 25%. Esto es crisis, y no la prima de riesgo, de la cual ya no se habla.

En verano, además de que una parte significativa de niños y niñas se quedarán sin la beca comedor y de unanutrición equilibrada, se quedarán también sin disfrutar de una rutina de ocio necesaria como son los casales de verano, esplais, campamentos, campus de verano y actividades varias. Los meses de verano son largos y, obviamente, cada vez son más las familias que no se pueden permitir el lujo de destinar parte de sus ingresos para las actividades de verano de sus hijos. Cierto es que ha habido un aumento de becas y ayudas a las familias, como anuncia el Ayuntamiento de Barcelona. También Fundesplai ha presentado la campaña Encerta l’Estiu-Un estiu per a tothom, con la cual pretende recoger los recursos necesarios para ofrecer 4.500 becas de verano. Todos los esfuerzos son bienvenidos, en especial, los de los pequeños “casales” y centros, que discretamente y sin ningún tipo de propaganda, seguro que van a hacer lo posible para que los niños de familias con pocos recursos también puedan participar.

Sin embargo, es preciso un esfuerzo a nivel nacional para afrontar y reducir la pobreza, y la pobreza infantil. Pensar que a pesar de los esfuerzos de muchas administraciones y fundaciones, muchos niños no comerán este verano como sería deseable, ni disfrutarán de un buen “casal” de verano, pasando probablemente muchas horas viendo la televisión, internet o en la calle, nos tiene que entristecer como sociedad. Un país con grandes desigualdades, desequilibrios y falta de oportunidades no ya en adultos, sino en los pequeños, no puede ser un país de primera. Por lo tanto, consciencia en primer lugar sobre la situación actual, y manos a la obra en segundo lugar para enderezar la situación.

Marc Grau i Grau
11/05/2015

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