Estado de opiniónArtículo de opinión de Núria Carulla, miembro de la Junta de Gobierno de Justícia i Pau de Barcelona.

Ha llegado el frío, y las oleadas de personas huyendo de la guerra y de una vida imposible en sus países, siguen recorriendo los caminos de Europa.
Los medios de comunicación hablan cada vez menos de ello. Los gobiernos europeos realizado cumbres para determinar cómo afrontar esta multitud de personas en busca de vida. Muchos y muchos voluntarios europeos y algunas ONG han hecho y están haciendo lo posible para atender un poco a las necesidades de los refugiados e inmigrantes.


Pero en el mundo el fenómeno migratorio por causa de guerras es de proporciones apocalípticas: la mayor parte de refugiados están en países pobres. Según ACNUR, hasta diciembre de 2014 había en el mundo 59,5 millones de personas que se han visto forzadas a desplazarse. 19,5 millones son población refugiada porque han traspasado fronteras. De estos, 14,4 millones están bajo el mandato de ACNUR: 3,8 millones (27%) residían en países de Asia y el Pacífico, 3,7 millones (26%) en África Subsahariana, Europa acogía a unos 3,1 millones (22%), Oriente Próximo y el Norte de África a 3 millones (21%) y América a 769.000 (5%).

Los “líderes” europeos, con sus discursos, quieren tranquilizar sus conciencias y que las nuestras también los apoyen. Que no podemos acoger a tanta gente, que puede haber terroristas, que... excusas y mentiras para no tomar decisiones serias de cómo afrontar la realidad del mundo.
Los discursos y las noticias van acompañados de cifras. Acoger a los millares de refugiados puede costar muchos y muchos millones de euros, y con consideraciones economicistas nos utilizan como cómplices de su ineficacia. Según ellos, si destinan este dinero a los refugiados en época de crisis, tendrá que haber más recortes.

Cuando se dan las cifras de los costes, también se tendrían que dar las cifras de las ganancias en la fabricación y venta de armas que es una de las “riquezas” de Europa; además habría que publicar también las cifras escandalosas que se gastan los países europeos en defensa, comprando armas cada vez más sofisticadas que han de substituir las caducadas. En plena crisis y práctica de recortes en servicios y derechos, el ministro de defensa del Estado Español Sr. Morenés, muy vinculado a la industria armamentista, ha sobrepasado su presupuesto (que ya es bastante abundante) en 8.000 millones de euros, y no ha habido ninguna actuación por parte del Gobierno para cortar este despilfarro.

Aunque los medios de comunicación no dicen gran cosa, de vez en cuando aparecen noticias que dan la clave de la realidad. Hace pocos días en los diarios, noticia no muy destacada, apareció “El Estado Islámico comete atrocidades con armas de Rusia, EE.UU. y países de en UE”. El comercio mundial de armamento es incontrolable e incontrolado: el caso es vender. Las guerras en los países pobres se hacen con las armas que les han vendido los países ricos. Hay que ir exigiendo reducción y control del tráfico de armas.
Acoger los refugiados no sólo es obligación humanitaria sino que es una deuda que se tiene con las poblaciones que sufren la persecución y la destrucción de todo lo que tienen a causa de las guerras.

En las puertas de la Navidad y con el frío que ya se ha impuesto en toda Europa no se puede dejar sin cobijo a todo el mundo que lo necesite. Quizás no podemos hacer gran cosa aparte de dar apoyo a voluntarios y ONG que hacen trabajo.
Ahora bien, vienen elecciones, y aunque limitada, nuestra acción tiene repercusión en las políticas nacionales y europeas. A la hora de emitir nuestro voto, exijamos de los candidatos claridad en sus propuestas y recordemos como se han cumplido los compromisos adquiridos en pasadas legislaturas.

Núria Carulla
10 de diciembre de 2015

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